17 de abril de 2014

Comala y Macondo

Comala (Foto: eluniversal.com)


Aracataca (Macondo) (Foto: colomibia.iagua.es)

Comala y Macondo,
Macondo y Comala,
pueblos mágicos, fantasmas,
surrealismo vivo
de imaginería literaria.

El calor asfixiante de Comala
se refugia en el hielo de Macondo,
del primero son los difuntos,
del segundo las almas solas.

Pueblos que derivan hermanos
por la pluma y la lectura,
pueblos muy cercanos
y de mística hondura.

De Comala limones
y naranjos idos,
de Macondo almendros
y bananos partidos.

Comala se llena de ecos
en sus calles vacías,
Macondo de verdades encantadas
y mariposas disecadas.

El aire de Comala es viejo y entumido,
el de Macondo está lleno de hormigas,
en ambos pueblos veladoras
y cruces religiosas.

Comala, Colima (Foto: callejoven.com)
Aracataca,Macondo (Foto: revistabuenviaje.com)
El tiempo en Macondo
siempre es redondo,
en Comala se ha perdido
como el mismito ruido.

Pestes e insomnios,
espantos y espejismos,
hacen de los dos pueblos,
singulares vecinos.

Regiones lúgubres
de prolíficas descendencias,
soledades y amores,
muertes y querencias.

Son Comala y Macondo,
Macondo y Comala,
capitales de la fantasía
en la geografía mental
de la literatura universal.



4 de abril de 2013

Mar

Foto: Graciela Zetina

 
Encuentro en ti una explicación del latir del mundo.
Son tus olas el inquieto pregonar del espíritu.
Es tu furia la llama de pasión del hombre.

¿Qué pasado hemos atravesado?
Tu agua inmensa y profunda es la corriente del destino.

Hoy soy un joven y pronto seré un hombre maduro.
¿Dónde quedaron las risas de los juegos callejeros?
¿Dónde el lazo humano tierno y entero?
¿Qué ha sido de las experiencias que hoy son recuerdos?
¿Cómo éste presente quedará grabado en el atrevido futuro?

Mar. Tu arrullo y grandeza encierran las respuestas.
Sin descifrarlas, mi cuerpo las contempla cuando tu brisa me abraza.

D.R. Teófilo Huerta, 1980

7 de marzo de 2008

Mis hijos



¡Ah, los hijos!
Son influjo de sensaciones,
gotas de cariño
con fuerza de huracán.

Los hijos son
sueños hechos cuerpo,
semillitas de esperanza,
edredones, caprichos, ilusiones.

Los hijos son
ramas con hojas abiertas
y claras.
Son sorpresa y
realidad.
Son querencia y justificada
vanidad.

Los hijos son
preguntas de mil
aristas,
torrentes de sangre y
de savia.

Los hijos son
revoloteo de risas
y lágrimas enterregadas,
travesuras en caudal
que dan forma
al poema sideral.

Los hijos son
diluvio de confeti y
bombones,
ilusión de propiedad
con factura de libertad.

Los hijos son
miel con sal.
gracia y luz,
devenir y porvenir
memoria vital.

(1995)
D.R. © 1998 Teófilo Huerta

Vestida de perla





Hoy se embellece el alma y la piel,
viste distinta por esta vez,
tiene la voluntad de ser fiel
y dibuja esperanza en su tez.


Vestida de perla para mi,
adornada de encaje y de tul,
envuelta en su ropaje de novia
jura y espera ser siempre así;
bendecida por el cielo azul
de una inolvidable tarde sobria.


Vestida de perla luce bella,
bella cual veraz mujer completa:
El mundo parece sólo de ella,
de ella que es hoy la novia perfecta.


Basta con admirarla y con verla,
así, sencilla, pulcra y galante,
una dama vestida de perla,
vestida para su esposo amante.


Vestida de júbilo y de nervios,
arropada de tenue color,
presta para los nuevos misterios
que desde hoy le depara el amor.


Recordarla vestida de perla;
acierto grande fue conocerla
ella hoy luce vestida de perla,
¡qué ánimo por siempre tenerla!

(1988)
D.R. © 1990 Teófilo Huerta

21 de enero de 2008

Las palabras se gastan

La palabra se ha acabado,
todo el vocabulario ha muerto
en manos de la demagogia.

De su resguardo ha sido saqueado
y absorbido cualquier concepto.

Las palabras se gastan, se gastan
y ya no nos alcanzan,
su sentido ha sido raptado
y envuelto en vil escoria.


D.R. 1990 Teófilo Huerta
Publicado en la revista Universo de El Búho, No. 87, julio de 2007
(Versión PDF)

Amor una palabra


La palabra amor no tiene sentido,
son cuatro letras vagas, solitarias
y arbitrarias
que en otro idioma no dicen nada.

Decir te amo, no tiene valor,
son palabras huecas que vuelan.

Decir amor no es lo mismo
que sentirlo,
que vivirlo.

Yo no quiero hablarte de amor
sino amarte.

No quiero que oigas un “te amo”,
sino que lo sientas,
que lo toques,
que lo veas y respires.

Sí, yo te amo
más allá de la palabra.

D.R. © 1990 Teófilo Huerta
Publicado en la revista Universo de El Búho, No. 87, julio de 1987 (Versión PDF)

Yo no quiero hablarte de amor

Yo no quiero hablarte de amor
sino amarte.

Yo no quiero hablarte de sueños,
sino tenerte.

Yo no quiero hablarte de fidelidad,
sino serte.


D.R. © 1990 Teófilo Huerta
Publicado en la revista Universo de El Búho, No. 87, julio de 2007 (Versión PDF)

Noctámbulo

Sensación pura
de canción desordenada.

Victoria gallarda
de batalla fingida.

Esencia de la vida,
ilusión transfigurada.

Despertar ondulante
en noche desesperada.

Abrigo otoñal,
espera infernal.
Cielo de invocaciones,
luz y ondulaciones.

Silencios rotundos,
respiraciones sesgadas,
silencios impolutos,
vanidades ahogadas.
momentos pausados,
minutos alargados.

Fiesta de las sombras,
sepulcro de las risas,
horas disfrazadas
de alegorías inventadas.

D.R. © 1990 Teófilo Huerta
Publicado en la revista Universo de El Búho, No. 81, diciembre 2006/enero 2007 (Versión PDF)

Y ya cadáver

Y ya cadáver, ¿qué será de mi inteligencia,
de mi conciencia,
de mi presencia?

Ya cadáver, ¿dónde albergará mi espíritu
y mi creencia?

¿Dónde quedará mi sonrisa
y mi prisa?

Ya cadáver, volveré a la inocencia de la nada
y a la totalidad de la indiferencia.

Ya cadáver, no tendré razón de ser
ni ojos para ver.

Ya cadáver no tendré tiempo para soñar
ni para cantar
y tampoco para amar.

Y ya cadáver, no tendré más remedio
que olvidarme,
abandonarme y entregarme
a la tierra de la que un día broté.


D.R. © 1990 Teófilo Huerta
Publicado en la revista Universo de El Búho, No. 81, diciembre 2006/enero 2007 (Versión PDF)

21 de junio de 2006

Delirio

Este es el trastabilleo de lo humano,
paisaje inhóspito,
canciones sin letras,
serpientes que se enredan,
caminos que se sumergen
en lagos sin fondo.

Palabras huecas,
pensamientos que no fluyen,
huellas que se borran,
personas que se alejan,
seres que se dejan.

Corazones que se quiebran,
estómagos que se pudren,
pulmones que revientan,
esencias que sucumben.

Aguaceros de nitratos,
polvaredas de excrementos,
huracanes, terremotos,
arcoiris negros.

Sueños enmohecidos,
suspiros enrarecidos,
discursos fingidos.

Torbellinos de pasiones,
marejadas de ilusiones,
pinceladas en el aire,
fantasmas de la noche.

(1989)

D.R. © 1990 Teófilo Huerta
Publicado en la revista Macrópolis, 11 de abril de 1994